Lo de soplar el cartucho para que funcione o limpiar el disco con la camiseta ya es historia; acéptalo, esos tiempos no van a volver. A día de hoy, tener que levantarte del sofá para cambiar de juego da una pereza tremenda. Si para las nuevas generaciones un disco de plástico es un estorbo que solo coge polvo y hace ruido, para los de la vieja escuela es pura nostalgia intocable. Pero ojo, porque Xbox ha decidido pasarse el juego: han abierto la puerta a convertir tus juegos físicos al formato digital. Una jugada maestra para dejar a PlayStation temblando.
¿Qué trama Xbox con tus cajas acumulando polvo?
Si tienes la habitación llena de juegos y sudabas frío pensando que en la nueva generación te iban a obligar a pasar por caja otra vez para jugar a lo mismo, respira tranquilo, que Microsoft te echa un cable. Su plan es que valides tu copia física de toda la vida y se quede guardada en tu biblioteca digital para siempre. Básicamente, te están dando un salvoconducto para que no pierdas el dineral que te gastaste en su día y puedas saltar de un juego a otro repanchingado en el sofá sin tocar el lector.
El dardo envenenado a la estrategia de Sony
Las cosas como son: Sony lleva un tiempo poniéndose muy cabezota intentando que todo el mundo compre exclusivamente a través de su tienda digital, dejando a los amantes de las estanterías con cara de tontos. Ante esto, Xbox ha visto el hueco y se ha marcado un movimiento de genio. Su mensaje es directo y va a la yugular: «Nosotros sí respetamos la colección por la que ya has pagado». Un tortazo con la mano abierta a la línea de flotación de PlayStation.
Un minuto de silencio por el disco de plástico
Para los más veteranos, el fin del disco físico escuece. Significa perder el encanto mágico de prestarle el juego a tu colega el fin de semana o revenderlo en la tienda de segunda mano cuando te lo has pulido entero. Es una pena despedirse del plástico. Sin embargo, para los jugadores más jóvenes, esto es simplemente evolucionar y dejarse de líos. Esta maniobra de Xbox parece el pacto de paz perfecto entre generaciones: conservas el valor de tus clásicos intocables, pero abrazas la comodidad absoluta de no mover un dedo.















