Llevar Masters del Universo a la gran pantalla (o en este caso, al catálogo de Netflix) siempre ha sido un caramelo envenenado. Cualquier padre que rondara el patio del colegio a mediados de los 80 recuerda con cariño los muñecos musculosos y la serie de dibujos animados. Sin embargo, seamos honestos: la premisa de Eternia, con sus tigres verdes con armadura y sus villanos con cara de calavera, es carne de meme si se toma demasiado en serio. La nueva película de Netflix intenta equilibrar esa fina línea entre el homenaje nostálgico y el intento de modernizar la franquicia para los adolescentes de hoy. Y el resultado es, cuanto menos, un viaje movidito.
El reto imposible: Vestir a He-Man sin dar risa
El mayor acierto de la película es haber entendido el tono visual del producto original. El diseño de producción no esconde la naturaleza «fantástico-absurda» de Eternia, sino que la abraza. Los castillos imposibles, la mezcla de magia y tecnología láser (esos cañones espaciales disparados por tíos en taparrabos)… todo está ahí.
El problema llega a la hora de vestir a los actores de carne y hueso. El esfuerzo por modernizar los trajes de He-Man, Teela o Man-At-Arms funciona a medias. En ocasiones se ven realmente espectaculares, dignos de una superproducción; pero en otras, cuando la iluminación no acompaña, la sensación es de estar viendo un desfile de cosplayers con mucho presupuesto.
Un Skeletor que se roba el espectáculo (para variar)
Si en la serie de dibujos el villano era la gran estrella por lo chillón e histriónico que resultaba, en la película de Netflix ocurre exactamente lo mismo. El actor que se esconde bajo la máscara (y bajo las capas de efectos digitales) de Skeletor entiende a la perfección qué tipo de película está haciendo. Se lo pasa en grande soltando sus frases lapidarias, mezclando la amenaza real con un toquecillo de humor negro que aligera bastante el tono general de la cinta. Él es, sin duda, el motor de la película, eclipsando en carisma al mismísimo He-Man, que resulta estar un poco acartonado.
Un batido de nostalgia y luces de neón
En su intento de agradar a dos públicos muy distintos, la película a veces pierde el foco. Acelera las peleas con unos efectos por ordenador (CGI) que no siempre dan la talla, perdiendo esa fisicidad tosca que tenían las figuras de plástico con las que jugábamos de críos.
Aun así, He-Man y los Masters del Universo es un producto que sabe a lo que juega. Netflix nos ha entregado una película para encender el televisor un sábado por la tarde, pedir unas pizzas y sentar a tus hijos al lado para decirles: «mirad, esto es lo que me volvía loco cuando tenía vuestra edad». Puede que la película no gane ningún premio al mejor guion, pero cuando el protagonista levanta la espada hacia el cielo y grita aquello de «¡Yo tengo el poder!», es imposible no soltar una sonrisa y volver a sentir que tienes diez años.
















