Hoy en día estamos acostumbrados a encender la consola y ver mundos abiertos gigantescos, personajes que sudan en resolución 4K y explosiones dignas de una película de Hollywood. Pero, para que tu hijo pueda estar hoy pidiendo a gritos el GTA 6, hace unas cuantas décadas hubo unos genios en bata blanca que se volvieron locos para conseguir que un triste punto cuadrado se moviera por una pantalla. Y sí, si repasamos los primeros juegos de la historia, nos damos cuenta de que toda esta industria multimillonaria empezó, literalmente, dándole a la pelota.
El abuelo de la criatura: Tennis for Two (1958)
Si le preguntas a la mayoría de la gente cuál fue el primer videojuego, te dirán que el Comecocos o el de las naves espaciales. Error. La primera vez que alguien usó una pantalla para jugar por pura diversión fue en 1958. Un físico llamado William Higinbotham, que trabajaba en un laboratorio nacional de Estados Unidos, se aburría soberanamente en las jornadas de puertas abiertas.
Para entretener a los visitantes, conectó un osciloscopio (un cacharro de laboratorio que parece un radar de submarino de las películas) a un rudimentario mando con un botón. ¿El juego? Un simulador de tenis. Una raya verde en medio y un puntito que rebotaba de un lado a otro. La gente se volvió loca. Sin quererlo, acababa de plantar la semilla del ocio digital.
Pong: El ‘pelotazo’ definitivo en el bar de la esquina (1972)
Aunque hubo otros experimentos por el medio, el que de verdad reventó el mercado y se convirtió en un fenómeno mundial fue Pong, lanzado por la legendaria empresa Atari. Aquí la fórmula se perfeccionó: dos palos blancos a los lados de la pantalla y un píxel cuadrado haciendo de pelota de ping-pong. Magia pura.
La historia de su éxito es de esas que le puedes contar a tu hijo en la mesa para que alucine. Los creadores pusieron la primera máquina recreativa de prueba en el bar de su barrio. A los pocos días, el dueño del bar les llamó enfadado diciendo que la máquina se había roto y no funcionaba. Cuando los técnicos la abrieron, descubrieron que no había ningún cruce de cables: la máquina había dejado de funcionar porque estaba tan atascada de monedas que ya no cabía ni una más. Había nacido la industria de los videojuegos.
De la prehistoria a tu salón
Es alucinante pensar que la base de la adicción que nos generan hoy los videojuegos estaba ya en esos primeros juegos de la historia. No hacían falta gráficos hiperrealistas ni conexiones a internet. Solo necesitabas a dos personas picadas por ver quién devolvía la pelota más rápido. La próxima vez que veas a los más jóvenes quejarse de que un juego actual tiene malos gráficos, ponles un vídeo del Pong y explícales que hubo una época en la que media humanidad estuvo hipnotizada mirando un cuadrado blanco rebotar en una pantalla negra.















