Si hay algo que nos gusta más en esta industria que un buen lanzamiento, es un buen drama en foros y redes sociales. Y Nvidia nos ha traído gasolina de la buena de cara a la recta final del año con la llegada de su DLSS 5. La famosa tecnología de escalado ha dejado de ser una simple herramienta para rascar frames por segundo y se ha convertido en una bestia impulsada por IA (bautizada como 3D-Guided Neural Rendering) capaz de reprogramar imágenes, inyectar iluminación fotorrealista y perfeccionar texturas en tiempo real para cerrar la brecha entre el renderizado y la realidad.
Pero claro, cuando metes a una red neuronal algorítmica a redibujar el trabajo de los diseñadores en tu pantalla, la comunidad se parte en dos. ¿Es el fin de la dirección artística o el paso definitivo hacia la Matrix? En El Jugador 2 abrimos el melón aprovechando su reciente estreno oficial en NBA 2K27 y recordando los estragos que causó en Resident Evil Requiem.
El desastre de ‘Resident Evil Requiem’: Cuando la IA no tiene alma
Para entender la polémica, tenemos que mirar al lanzamiento de Resident Evil Requiem y a las primeras pruebas con estas tecnologías generativas de Nvidia. El resultado visual dividió por completo a los jugadores y levantó ampollas entre los puristas.
¿El problema? Que la IA no entiende de atmósferas. Las críticas destrozaron el resultado argumentando que esta reprogramación de imagen pasaba por encima del minucioso trabajo de arte creado por los diseñadores de Capcom. La aplicación del DLSS sobreactuaba las texturas: los metales brillaban donde no debían, la suciedad parecía puesta con escuadra y cartabón, y el realismo resultaba tan matemático y predecible que sacaba al jugador de la pesadilla. Se veía «perfecto», sí, pero era un perfecto de plástico artificial. Cuando un equipo de artistas se tira meses puliendo el modelado de un escenario lúgubre para darte mal rollo, lo último que necesita es que un algoritmo venga después a ponerle texturas «bonitas» y luces de neón por encima.
‘NBA 2K27’ y la justificación del sudor ultrarrealista
Y entonces llegamos a este mes de septiembre. Nvidia lanza oficialmente su DLSS 5 integrándolo de forma nativa en el nuevo NBA 2K27. Y de repente… la maldita magia funciona y todo el mundo aplaude. ¿Hipocresía de los gamers? Para nada. Es una simple cuestión de intenciones.
En un simulador deportivo, nadie busca una «dirección artística» evocadora ni filtros de autor melancólicos. Lo que queremos es que la pista parezca real y que los jugadores sean calcos exactos de sus contrapartes de carne y hueso. Aquí, el fotorrealismo extremo es el santo grial, y el DLSS 5 brilla de forma salvaje. Las caras, el tono de la piel (ahora con dispersión subsuperficial que le da un tono cálido y humano), la transmisión de la luz en el pelo, las arrugas de las camisetas y el brillo del sudor bajo los focos de la cancha lucen escandalosamente parecidos a una retransmisión oficial de televisión. Es enfermizo el nivel de detalle que logra la IA cuando su único objetivo es imitar la realidad literal.
Veredicto: Zapatero a tus zapatos
El debate sigue más vivo que nunca, pero la conclusión parece estar dibujándose sola. El DLSS 5 y su red neuronal de reprogramación de imagen son una herramienta colosal y una auténtica bendición para los juegos deportivos, los simuladores de conducción o cualquier título donde busquemos hiperrealismo absoluto.
Pero, por favor, mantened a estas inteligencias artificiales alejadas de los juegos de autor y las aventuras con personalidad. Dejemos que los directores de arte sigan manchándose las manos de barro digital sin que un chip venga a corregir sus supuestas «imperfecciones». Y tú, ¿de qué lado estás en esta guerra de píxeles y algoritmos? Déjanoslo en los comentarios (si es que no te ha sustituido una IA mientras leías esto).














